En un mundo cada vez más consciente de los impactos ambientales de la industria, las empresas en México enfrentan un desafío ineludible: operar de manera sustentable. Una herramienta fundamental para lograrlo es la auditoría ambiental, un proceso que no solo les permite cumplir con las normativas ecológicas, sino también reducir riesgos operativos y mejorar su imagen ante la sociedad.
“La auditoría es un proceso sistematizado, documentado, que lo que busca es medir o evaluar el desempeño ambiental de una empresa y con base en ello poder reducir o proteger a la misma de los posibles riesgos que hubiere”, explica Héctor Campos, abogado especializado en derecho ambiental y socio del despacho Bustamante Más Freire.

La evaluación que marca la diferencia
Las auditorías ambientales son revisiones detalladas del desempeño ambiental de una empresa. ¿Cómo manejan sus residuos? ¿Qué impacto generan sus emisiones? ¿Cumplen con las regulaciones vigentes? Estas preguntas son clave en el proceso, el cual permite detectar deficiencias y oportunidades de mejora.
“Imaginemos, por ejemplo, nosotros como humanos, cómo sabemos cuál es nuestro estado de salud? Si estamos bien, si estamos mal, pues usualmente hacemos un chequeo médico. Vamos con un profesional de la salud para poder informarnos y con base en ello tomar decisiones. Las auditorías, en este caso ambientales, que nosotros de alguna manera proporcionamos, pues lo que hacen es dar esa radiografía a la empresa”, comenta Campos.
El procedimiento implica una revisión documental, inspecciones en campo y entrevistas con personal clave. Al final, la empresa recibe un informe detallado con hallazgos y recomendaciones para mejorar su desempeño ambiental.
¿Quién las realiza?
En México, las auditorías pueden ser realizadas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) o por especialistas certificados en auditoría ambiental. Empresas que buscan reducir su huella ecológica y evitar sanciones recurren a estos procesos para garantizar que sus operaciones estén en regla.
Campos enfatiza que “más que un escudo, yo diría que es una radiografía y esa radiografía te permite construir ese escudo”. Además, señala que este proceso es clave en decisiones estratégicas, como la compra de terrenos o la expansión de operaciones: “En algún momento, uno de los consejeros de una empresa me marcó y me dijo: ‘Oye, me están vendiendo un predio. La verdad es que el precio por metro cuadrado y la ubicación suenan bastante bien. ¿Qué opinas?’. Lo primero que les sugerí es hacer una auditoría. En ese momento, lo que me dijo fue: ‘Bueno, te aviso’, pero la venta fue bastante ágil y nos contrataron posteriormente para hacer una manifestación de impacto ambiental. ¿Qué hicimos nosotros? Una revisión integral de todo lo que involucra los aspectos de flora y fauna dentro del terreno y nos encontramos con que presentaba vegetación, pero estaba incendiado. Esto implicaba que había una veda que viene desde la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable para no poder desarrollar ningún tipo de proyecto, al menos por 20 años”.

Ejemplos de auditorías ambientales claves
Las auditorías ambientales pueden aplicarse en diversas situaciones estratégicas para las empresas. Algunos ejemplos incluyen:
- Compra de un terreno para un nuevo desarrollo: “Si hubieran hecho una auditoría antes de la compra, habrían identificado esta limitante y evitado una inversión fallida”, explica Campos.
- Expansión de una planta industrial: Antes de ampliar una planta de producción, es fundamental conocer si la zona cuenta con permisos adecuados y si la operación podría generar impactos negativos en el medio ambiente. “Nosotros también lo que hacemos es alertas a los clientes cuando sabemos que viene un cambio o de verdad ya se materializó. Mandamos correos para que, de alguna manera, ellos ajusten sus procesos, porque la autoridad está en todo el derecho de ir a ejercer actos de inspección y vigilancia”, detalla Campos.
El impacto de estas auditorías es doble: por un lado, permite a las empresas identificar riesgos y evitar multas que podrían afectar su estabilidad financiera. Por otro, reduce su impacto ambiental al fomentar prácticas más limpias y eficientes en el uso de recursos naturales.
“Si hubieran hecho una auditoría antes de la compra, habrían identificado esta limitante y evitado una inversión fallida”, explica Campos.

Más que una obligación, una estrategia inteligente
Lejos de ser solo un requisito legal, la auditoría ambiental se ha convertido en una estrategia de negocios inteligente. Cumplir con los estándares ambientales no solo evita problemas legales, sino que mejora la reputación de las empresas y las hace más atractivas para inversionistas y consumidores preocupados por la sostenibilidad.
“Nosotros siempre les ofrecemos lo que es una factibilidad. La factibilidad es un paso antes de la auditoría, que implica una revisión, por ejemplo, del marco normativo de la política pública aplicable y con base en ello ir marcando los siguientes pasos. Ya la auditoría en sí misma, pues podría aplicar en una transacción, en una venta o en sí mismo en un proyecto ya en operación”, detalla Campos.
En un país como México, donde la presión por un desarrollo más sustentable crece día con día, adoptar auditorías ambientales es una decisión clave para cualquier empresa que quiera asegurar su permanencia en el mercado y contribuir al cuidado del planeta. “Si las empresas quieren construir un futuro sólido, la auditoría ambiental debe ser el primer paso en su estrategia de sostenibilidad”, concluye Campos.