Un estudio del Smithsonian revela que la caza masiva del siglo XX dejó marcas a nivel molecular en las ballenas, afectando su reproducción y comportamiento. ¿Qué nos dicen sus barbas sobre el impacto humano en los océanos?

Un estudio del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian ha revelado que la caza masiva de ballenas en el siglo XX dejó una marca profunda a nivel molecular en estos gigantes marinos. Investigadores analizaron barbas de ballena almacenadas durante casi ocho décadas y detectaron niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés, desde 1946. La caza industrial en la Antártida, impulsada tras la Segunda Guerra Mundial, capturó miles de ballenas en pocos años. Aunque algunas escaparon, el estrés prolongado afectó su reproducción, longevidad y comportamiento. Análisis isotópicos muestran que incluso sus patrones migratorios y alimenticios cambiaron, alterando el ecosistema marino. Este hallazgo fue posible gracias a una colección olvidada del Smithsonian, donde científicos rastrearon los efectos del estrés a lo largo del tiempo. Aunque la caza comercial ha disminuido, las ballenas aún enfrentan amenazas como el cambio climático y el tráfico marítimo. Entender estas secuelas es clave para su conservación y para medir el impacto humano en los océanos.